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Si uno sube al Cerro de la Cruz y mira hacia el sur, el valle se abre como una bandeja: techos de teja, la plaza marcada a escuadra y, al fondo, el volcán de Agua. Esa vista tan fotogénica es, en realidad, el resultado de una decisión tomada a la fuerza. Antigua no nació aquí por capricho. Nació porque, una noche de septiembre de 1541, la capital anterior quedó sepultada bajo lodo y piedras.

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De Iximché a Almolonga
La ciudad de Santiago de Guatemala empezó siendo itinerante. En julio de 1524 Pedro de Alvarado la declaró sobre la capital kaqchikel de Iximché, hoy Tecpán. Duró poco: los kaqchikeles se sublevaron y los españoles se movieron. El 22 de noviembre de 1527, Jorge de Alvarado asentó de nuevo la ciudad en el valle de Almolonga —Bulbuxyá en kaqchikel—, al pie del volcán que entonces llamaban Hunahpú y que hoy conocemos como de Agua. Ahí, en lo que hoy es el municipio de Ciudad Vieja, Santiago tuvo su primera capital permanente: calles, barrios, cabildo y obispo.
La noche de La Sin Ventura
Esa permanencia acabó entre la noche del 10 y el amanecer del 11 de septiembre de 1541. Tras lluvias fuertes, un alud de agua, rocas, árboles y lodo bajó de las faldas del volcán y arrasó la ciudad. Murió doña Beatriz de la Cueva, viuda de Pedro de Alvarado, que apenas dos días antes había sido nombrada gobernadora. Al firmar documentos tras la muerte de su esposo, ella misma había escrito “La Sin Ventura”. El obispo Francisco Marroquín organizó el salvamento, la sepultura de los muertos y el ánimo de los vivos. La Primera Ciudad Permanente de Santiago en Almolonga había durado trece años, nueve meses y diecinueve días, según la propia municipalidad de Ciudad Vieja.
Una legua más abajo
Los sobrevivientes buscaron un sitio más seguro. Elegieron el valle que los indígenas llamaban Panchoy y los españoles, Valle del Tuerto o Pangán, a una legua de distancia —unos cinco o seis kilómetros aguas abajo—. Allí había agua, bosques y canteras. El acto oficial de traslación se consumó el 10 de marzo de 1543, cuando el concejo, la justicia y los regidores, precedidos por los alcaldes Sancho de Barahona y Santos de Figueroa, celebraron el primer cabildo en la nueva Santiago. Esa fecha es la que tradicionalmente marca el nacimiento de la ciudad que hoy llamamos Antigua Guatemala.
Una trama a escuadra
Lo que se trazó en Panchoy sigue siendo legible. Una plaza mayor al centro, calles rectas a los cuatro puntos cardinales y manzanas en damero. Durante más de dos siglos Santiago fue capital del Reino de Guatemala, con catedral, Audiencia y conventos. El título de “Muy noble y muy leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala” se lo otorgó Felipe II el 10 de junio de 1566. Solo los terremotos de Santa Marta, en julio de 1773, empujaron a un cuarto traslado, esta vez al Valle de la Ermita, donde hoy está la capital moderna. El nombre “Antigua Guatemala” quedó oficializado en un documento del 24 de julio de 1774.
Lo que todavía se discute
No todo está cerrado. Arqueólogos como János de Szécsy y Miguel Valencia han argumentado que el asentamiento de 1527 no coincidía exactamente con la plaza actual de Ciudad Vieja, sino más hacia el este, cerca de San Miguel Escobar. Y la atribución popular del trazo de Panchoy al ingeniero Juan Bautista Antonelli, repetida desde Fuentes y Guzmán, es puesta en duda por historiadores contemporáneos: la genealogía de la familia Antonelli no encaja con una presencia en Guatemala en 1541-1543. La cuadrícula, en cambio, nadie la discute.
Mirar el valle con otros ojos
La próxima vez que cruce el Parque Central o suba al Cerro de la Cruz, piense en ese salto de una legua. Antigua no es solo la postal colonial: es la respuesta de una ciudad que ya había perdido una capital bajo el volcán y decidió volver a empezar, un poco más lejos del Agua.
Foto: Juan Francisco / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0 (recortada)

