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San Juan del Obispo: la aldea que huele a níspero, cacao y siglos de historia

octubre 28, 2026

El bus sale de Antigua rumbo al sur, deja atrás las últimas casas de la ciudad y empieza a subir por la falda del volcán de Agua. En unos cinco kilómetros el aire cambia: huele a tierra húmeda, a leña y, si uno tiene suerte, a cacao tostado. Al final de la cuesta aparece una plaza amplia, una iglesia de fachada sencilla y, al fondo, todo el valle de Panchoy extendido como un mapa. Bienvenidos a San Juan del Obispo.

Fachada de la iglesia parroquial de San Juan del Obispo, con pintura mural, puerta de madera, campanario y banderines de colores

🎧 Escucha este artículo (3:28, narrado por AutoDJ RTVxI)

Versión en audio de «San Juan del Obispo: la aldea que huele a níspero, cacao y siglos de historia».

La milpa del obispo

El nombre ya cuenta la historia. Según el cronista de Antigua Carlos Enrique Berdúo, citado por Prensa Libre, el pueblo nació en la primera mitad del siglo XVI a partir de una milpa, un terreno destinado a sembrar maíz, ligado a Francisco Marroquín, el primer obispo de Guatemala. Al principio se llamó San Juan Bautista de Guatemala; un siglo más tarde quedó como San Juan del Obispo, en memoria del prelado.

Aquí conviene ser curiosos. Algunas guías dicen que Marroquín construyó con sus propios fondos un palacio terminado en 1547. El mismo Berdúo explica que la casa donde vivió el obispo era pequeña y sencilla, estaba al otro lado del atrio, junto a donde hoy está la escuela, y que de ella ya no queda nada. Lo que hoy todos llaman el palacio arzobispal es el antiguo convento que pidieron los franciscanos para atender a la población kaqchikel; el cronista Fuentes y Guzmán sitúa su construcción en 1668.

Muros de fortaleza y un museo con monjas

El convento impresiona por sus paredes gruesas y pesadas, al estilo defensivo de los primeros templos después de la Conquista. En el siglo XX, el arzobispo Mariano Rossell y Arellano restauró una parte para usarla como lugar de descanso, y esa ala es la que hoy funciona como museo. Desde hace años lo cuidan las religiosas de Bethania.

Adentro hay una capilla privada con un retablo cubierto de pan de oro y una imagen de la Virgen de la Soledad, esculturas y pinturas de los siglos XVII y XVIII que pertenecían al templo, y el mobiliario de Rossell, tallado por artesanos del pueblo con su escudo en sillas y escritorios.

Una iglesia que aguantó los terremotos

La iglesia parroquial es otra sorpresa. Tiene una sola nave, columnas de madera sobre bases de piedra y una fachada austera, con restos de pintura mural que se restauraron. Berdúo la considera de las más antiguas del valle y destaca que ha resistido los terremotos. En la plaza hay cuatro capillas posas, que en la Colonia servían para enseñar las primeras letras y para el teatro sagrado; hoy se usan como altares durante la procesión eucarística.

La tierra del níspero

Pero a San Juan del Obispo también se viene con hambre. El níspero japonés llegó aquí hace varias décadas y encontró su clima ideal entre los 1,600 y 2,000 metros. Según un estudio de Ericka Sagastume citado por Casa San Juan, alrededor del 80 % de los sanjuaneros tiene al menos un árbol. La cosecha empieza a mediados de septiembre y los meses más fuertes son de octubre a diciembre, así que esta es justo la temporada.

Con la fruta se hacen mermeladas, conservas en almíbar, chicha, vinagre y hasta vino de níspero. Este año, la 14.ª edición del Festival del Níspero será el 21 y 22 de noviembre de 2026 en la plaza, con recorridos por los nisperales, marimba y el tradicional concurso del níspero.

Chocolate de familia

El otro aroma del pueblo es el cacao. Varias familias chocolateras guardan recetas que han pasado de generación en generación, y en agosto de 2026 la aldea celebró su cuarto Festival del Chocolate. Vale la pena probar una taza caliente y llevarse unas tabletas.

Antes de bajar

San Juan del Obispo se recorre en una mañana, pero se queda en la memoria mucho más. Suba temprano, camine la plaza, entre al museo, compre nísperos en la calle y, antes de bajar, voltee a ver el valle desde el atrio. Desde ahí se entiende por qué este rincón sigue llevando el nombre del obispo.

Foto: Nerdoguate / Wikimedia Commons, CC0 (archivo original)

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