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Detrás de la fachada en ruinas: el colegio jesuita que hoy es aula, biblioteca y museo

A una cuadra del Parque Central, sobre la 6.ª avenida Norte, la fachada de la Compañía de Jesús parece una escenografía: santos de piedra en sus nichos, un portón de madera y, arriba, ventanas abiertas al cielo. Muchos se toman la foto y siguen de largo. Pero basta cruzar la entrada lateral para descubrir que detrás de esas ruinas hay claustros con pasto recién cortado, salas llenas de gente estudiando y una biblioteca donde cualquiera puede sentarse a leer.

Es el Centro de Formación de la Cooperación Española, el CFCE, y su historia es la de un edificio que se negó a morir.

Un colegio para enseñar

Los jesuitas levantaron aquí su colegio en la antigua Santiago de los Caballeros. La AECID, la agencia española que hoy administra el lugar, sitúa la fundación en 1582 y presenta el Colegio de San Lucas como abierto en 1608. La manzana llegó a tener un templo y tres claustros, con aulas, biblioteca y habitaciones; en sus mejores años vivieron ahí hasta doce jesuitas, y se enseñaba gramática, filosofía y retórica.

Todo cambió en 1767, cuando la Corona expulsó a la orden de sus dominios. El colegio quedó vacío y, seis años después, los terremotos de Santa Marta de 1773 derribaron la iglesia y parte de la casa de estudios.

Fábrica, mercado y bodega

Lo que quedó en pie no se quedó quieto. Según la propia historia del centro, el edificio fue fábrica de tejidos, escuela, patio para secar café y mercado cantonal. Entre 1912 y 1976 funcionó como mercado municipal: en los archivos de CIRMA se conserva una foto de 1926 con ventas en el patio principal. El terremoto del 4 de febrero de 1976 lo dejó tan dañado que la municipalidad trasladó el mercado y el Consejo Nacional para la Protección de La Antigua Guatemala tuvo que apuntalar la fachada, que se estaba deslizando hacia el sur.

En 1979 el conjunto quedó incluido en la declaratoria de Antigua como Patrimonio de la Humanidad.

El renacer de 1992

En mayo de 1992, España y Guatemala firmaron un convenio para restaurarlo, con el visto bueno del Consejo para la Protección de La Antigua. En 1994 la municipalidad, que sigue siendo la dueña, cedió su uso a la cooperación española. Las obras avanzaron por etapas y en agosto de 1996 el edificio volvió a abrir. La inauguración oficial fue en octubre de 1997, a cargo de la reina Sofía de España.

Hoy los corredores coloniales conviven con salas de formación, salón de actos, sala de cine y espacios de exposición. Por aquí pasan talleres, seminarios, conciertos y muestras de arte, muchas de entrada libre.

Lo que casi nadie sabe

La biblioteca, abierta desde 1999 y ubicada desde 2018 en el tercer claustro, reúne más de 47 000 volúmenes sobre ciencias sociales, historia y literatura guatemalteca. El carné es gratuito y permite llevarse dos libros a casa por quince días. Ahí se guardan las colecciones personales de los intelectuales Carlos Guzmán-Böckler y Arturo Taracena Arriola.

Y desde julio de 2024 hay un museo permanente dedicado al propio edificio, con fotografías antiguas, mapas y paneles que cuentan cada una de sus vidas, de colegio a mercado y de ruina a centro cultural.

Para su visita

El CFCE está en la 6.ª avenida Norte, entre 3.ª y 4.ª calle Poniente, y abre todos los días de 9:00 a 18:00. La biblioteca atiende de martes a viernes de 10:30 a 17:00 y los sábados de 9:00 a 14:00. Si quiere conocer el edificio a fondo, el centro ofrece visitas guiadas previa solicitud al (+502) 7932 3838.

La próxima vez que pase frente a esa fachada, no se quede en la foto. Entre, camine despacio por los claustros y escuche: el lugar que nació para enseñar sigue haciendo exactamente eso.

Foto: Nerdoguate / Wikimedia Commons, CC0 (dominio público)

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